lunes, 11 de abril de 2016

ETERNAMENTE INFELIZ

Ella se había acostumbrado a su rutina, aquella que detestaba pero la que le hacía olvidarse de todos sus demonios aunque fuese por ocho, nueve, diez horas, más..... Las horas que se pasaba en el trabajo no se acordaba de que su vida era una sucesión de sin sentidos que hacía que se bloqueara, sintiera pánico , aborreciese el estar acompañada de amigos, esos a los que fue dejando atrás por su pétrea obstinación en escudarse en su inseguridad para dar más de sí misma temiendo que la hiriesen.

No tenía pareja, para que si todos según ella se habían aprovechado de su buena fe para sacarla algo, o quizás ella no había dado lo suficiente en las relaciones esperando que en algún momento su príncipe azul apareciese para rescatarla de su vida ensimismada , de relaciones incongruentes y de encuentros sexuales tan esporádicos como decepcionantes.

El tiempo se le pasaba. Y lo que antes era un paréntesis para dedicarse un tiempo a si misma se iba convirtiendo constantemente en un agobio por la sensación de que lo mejor de ella misma ya no iba a volver y cada dia que pasaba se deprimía más, se angustiaba más, pensando en lo que perdió y nunca más recuperaría.

Así que a falta de medios para que la psicoanalizaran, su mejor terapia posible era ser exigente en su trabajo y consigo misma, ya que de ella dependían varias personas a su cargo, y en reprimirse  las ganas de mandar un mensaje a su príncipe, aunque solo fuera para echarle en cara el tiempo que esperó para que la  rescatara del olvido y se fuera con ella perdiendo media vida y su juventud y haciendo cualquier extravagancia con tal de que se fijará en ella. Hasta que todo se le juntó y le explotó como la bomba que nunca existió el día antes en su centro comercial.

Ese día amenazaba lluvia. Mucha lluvia. El cielo estaba plomizo. Y abría la tienda esperando o deseando que  mucha gente optase por quedarse en sus casas guareciéndose de una tormenta que se antojaba antológica. Ella iba colocando las cosas cuando el apareció, tan bruscamente que de inicio ninguno de los dos se percató de la presencia del otro hasta que se toparon de bruces. Y entonces el silencio. La incomodidad. El no decir nada. Uno porque iba acompañado por su pareja. Esa a la que nunca abandono por miedo y por comodidad. Que también era miedo a perder una posición para adentrarse en una ruleta rusa con final insospechable. La otra por decoro y por profesionalidad. Aunque tuviese ganas de reventar en su trabajo era demasiado sería como para perder la compostura, y menos montar una escena delante de la inocente muchacha que o bien no sabía nada , o bien sabía todo y aguantaba estoica también sus ganas de explotar, sabiendo que de bruces ahí estaba su peor adversaria.

El hecho es que en dos minutos el escenario cambio por completo. Y después del trabajo se decidió a mandar un mensaje aunque solo fuera para que un saludo no hubiese empeorado una situación ya de por si incontrolable. Pero no sabía lo que iba a ocurrir. O si lo sabía no sabía que dos minutos le cambiarían las cartas y la jugada

Porque en vez de su sutil coartada para escapar de los desafíos que le propugnaba , esta vez su príncipe le espetó en medio de una conversación muy formal y con detalles de cortesía que ya era hora de decir la verdad. Y de que su papel saliese a la luz. Algo que ella no se esperaba. Y que pasado el tiempo ella no sabía si deseaba porque después de tanto tiempo estando "a punto de" , empezaba a tener serias dudas de la seriedad suya y de la conveniencia de embarcarse en una aventura que si bien hubiese deseado años atrás, hoy se le antojaba como un término medio entre el disparate y el siniestro total. Pero aún así accedió a una cita en una cafetería en territorio neutral para charlar. Después de tanto tiempo había ganado quince minutos aunque fuera para abrir la caja de pandora de los reproches y quería soltar algo de lastre.

Ella llegó con tiempo de sobra a la cafetería decorada con motivos africanos, que en otra situación le hubiese parecido " una verdadera horterada " pero que dada la conversación que estaba pendiente , y que el había sido quien eligió el lugar de encuentro, unos cuernos de rinoceronte le servirían de inspiración propia para soltar toda la batería de reprobaciones que tenía pendiente de esputar a su otrora amigo, ahora casi un desconocido.

El llegó puntual. Con algo de prisa porque tenía que buscar a su novia al trabajo . y se acercó a darle dos besos a lo cual ella, queriendo marcar  distancia y territorio se apartó para estrecharle la mano. Si era en circunstancias normales poco amiga de la afectividad , con el iba a ser menos cariñosa si cabe.

La charla discurrió entre un café y una conversación muy monótona acerca del trabajo y de lo  duro que es llegar lejos en la vida. De los logros y ascensos que habían conseguido y de que después de cinco intentos frustrados ella ya tenía un trabajo estable y posibilidades reales de asentar su vida. Todo muy amistoso hasta que el acabo de sopetón con el tanteo y el fuego amigo para empezar con los temas espinosos.

-Que hay de lo nuestro
-Lo nuestro ? Entre nosotros nunca ha habido nada
-Venga... Ahora me vas a decir que nosotros no hemos sido nada?
-Nunca hemos sido nada porque nunca has querido que seamos nada
- Sabes que nunca lo he tenido fácil . Maria siempre ha sido muy controladora...
-No me vengas con monsergas que de sobra sabes que si hubieses querido ni Maria ni un ejército te hubiese detenido. Quien no quiere estar con alguien no está, y punto. Pero tú nunca quisiste decirle nada. Si es que ella no lo sabe porque lo tiene que saber,no la considero tan estúpida
-No creo que lo sepa, no lo hubiese soportado
-En serio crees que no sabe que en los seis años nos hemos estado diciendo todo lo que nos hemos dicho tu y yo por teléfono? Es imposible que no haya sospechado nada. Ni que no haya mirado tu teléfono . No busques excusas baratas porque después de trece años engañaras a cualquier tonta pero no a mí
-No te veo como a una tonta, nunca lo he hecho. Pero no he tenido nunca fuerzas para romper con todo. Para dejar todo atrás
- Y pensabas que te esperaría eternamente hasta que un día no tuvierais casa en común para que la dejases y te vinieses conmigo....claro, claro que me tomas por un ser muy estúpido, pero eso se ha acabado, se te ha acabado el chollo
-Te estoy diciendo que estoy dispuesto a hacerlo esta vez
-Y yo que no te creo. Y que ya no se si estoy dispuesta a hacerlo. Ya estoy harta de esperarte. Y de pensar que está vez si. Ya no se si quiero ni si aún te quiero
- Para si serás siempre la única
- Eres un egoísta , y ni Maria ni yo nos merecemos esto. No nos mereces a ninguna de las dos
-Esta noche he reservado una habitación en un hostal en el centro. No es gran cosa pero es discreta. Quiero que pasemos la noche juntos
-Esta noche trabajo
-Cuando salgas
-Estaré muy cansada
-Te doy un masaje
-Que no quiero ir. No lo entiendes? Vete con Maria a ver que opina
-Quiero que vayas tú
-Pues te quedarás con las ganas porque no voy a ir. Lo siento pero esto se terminó. Si quieres algo de mi ya sabes lo que tienes que hacer. Y aún haciéndolo no creo que vaya a servirte de mucho. Esta vez estoy cansada y harta de aguantarte y creo que ya es hora de que nuestros caminos vayan por separado
-Yo me tengo que ir pero por favor, piensatelo. Esta es la dirección. Te estaré esperando toda la noche.
-No creo que vaya. Pero tu lo has intentado. Yo también me voy. Los cafés están pagados.

Ella se fue a trabajar con rabia. Rabia porque el seguía en sus trece. Dispuesto a navegar entre dos aguas en lo que nadie le descubriese su doble juego. Y la novia sin enterarse de nada. Sin percatarse de nada o sin decir nada por amor o por quien sabe que.

El caso es que esto no se lo podía quedar sin contárselo a sus compañeras de trabajo. Ellas estaban indignadas por la poca vergüenza que tenía para ofrecerle pasar la noche juntos. Pero le aconsejaron que fuera solo por echar la "canita al aire" y porque así le tenía agarrado por donde más le dolía. Tenía la sartén por el mango y de eso se podía aprovechar.

Cuando se quedó sola, una multitud de dudas se le agolparon en la mente. Le dolía todo lo que le había hecho pero sentía que una parte de ella sentía aún algo. Que le empujaba a ir. Que la  llevaba a querer acercarse. Pero sabía que era una locura. Un despropósito. Y pronto se negaba a si misma, a lo que sentía y prefería estar en casa o en el bar de su amigo tomándose un gin-tonic y olvidando todo lo que había pasado.

Cuando se sentó en el coche, un nudo se le hizo en el estómago , no sabía que hacer y de repente cogió la tarjeta que le había dado. Arrancó el coche y se dedició a ir allí, sin saber lo que pasaría despues.